Monday, June 30, 2014

The Space Between Self-Esteem and Self Compassion: Kristin Neff

                         

The relentless search for high self-esteem has become a virtual religion; and a tyrannical one at that. Our competitive culture tells us we need to bespecial and above average to feel good about ourselves, but we can’t all be above average at the same time. There is always someone richer, more attractive, or successful than we are. And even when we do manage to feel self-esteem for one golden moment, we can’t hold on to it. Our sense of self-worth bounces around like a ping-pong ball, rising and falling in lock-step with our latest success or failure.
Fortunately, there is an alternative to self-esteem that many psychologists believe is a better and more effective path to happiness: self-compassion.

Sunday, June 29, 2014

About Paradoxes


Paradoxically, it can take time to heal
from the illusion that you are not already healed.

Paradoxically, you have to walk the path
to discover that there was never a path
and no 'you' walking it.

Paradoxically, the one who seeks liberation
is the very 'one' who separates herself from it.

Paradoxically, even your attempt to escape the moment
is an expression of the moment.

Paradoxically, there are only paradoxes
from the perspective of the assumed 'one'
trying to reconcile
paradoxes.

Clear?

Jeff Foster

Mantra and your witness

In Buddhism, the word mantra means “mind protecting”. A mantra protects the mind by preventing it from going into its’ usual mechanics, which often are not our desired or optimal conscious perspective. Mantra is a powerful spiritual practice for centering, and for letting go of strong emotions such as fear, anxiety and anger. The more you practice mantra the more it becomes a part of you. When you need it on the psychological level – for example when you feel afraid, using your witness, you notice the fear and replace the fear with your mantra. This will occur naturally once mantra becomes an established practice. Mantra is a daily reminder of the presence of the Divine within ourselves and all beings.
Mahatma Gandhi said, “The mantra becomes one’s staff of life, and carries one through every ordeal. It is no empty repetition. For each repetition has a new meaning, carrying you nearer and nearer to God.”

Optical illusions show how we see

                     

Beau Lotto's color games puzzle your vision, but they also spotlight what you can't normally see: how your brain works. This fun, first-hand look at your own versatile sense of sight reveals how evolution tints your perception of what's really out there.

Entrevista a Enrique Martínez Lozano


Vivir a Dios” es exactamente igual a 
vivir nuestra verdadera identidad


Leído en Alandar por Lala Franco :

arton2747-17cccEnrique Martínez Lozano es un autor y conferenciante de éxito. Psicoterapeuta y teólogo, se ha secularizado hace un año, lo que no ha cambiado un ápice la tarea a la que se dedica en exclusiva desde hace una década: el acompañamiento espiritual de grupos mediante el aprendizaje de la meditación en talleres y retiros por toda la geografía nacional. Autor de numerosos libros, escribe un comentario semanal del Evangelio en clave no-dual. La espiritualidad es, para él, un viaje a la plenitud de nosotros mismos que nos convertirá en personas unificadas y compasivas. La espiritualidad es su tema. El tiempo y el papel se quedan escasos para contener el río de su pensamiento y su experiencia.

Enrique, ¿qué es la espiritualidad?

Por decirlo de un modo sencillo, “espiritualidad” hace referencia directa a la dimensión profunda de lo real. Podría añadirse que lo “espiritual” es todo lo real, en su “doble cara”: lo visible y lo invisible, lo manifiesto y lo inmanifestado… pero no como dos realidades añadidas, sino como los dos rostros de lo único real.

¿Cuáles son, según tu experiencia, las aspiraciones del hombre de hoy en el terreno espiritual? ¿Hay sed de Dios?

Hay sed de interioridad, de profundidad, de silencio, de plenitud… Porque no se puede soportar demasiado tiempo la anemia. La búsqueda es expresión del hambre y de la sed de aquello que no puede ser satisfecho con ningún objeto. ¿”Dios”? Siempre que no lo confundamos con la misma palabra ni con ninguna de nuestras imágenes mentales. El maestro Eckhart decía, en el siglo XIII: “No tengas ningún dios pensado, porque cuando cambie tu pensamiento, ese dios caerá con él”. Y Charo Rodríguez, una poetisa amiga, escribe: “Solo el Dios encontrado, ningún dios enseñado puede ser verdadero, ningún dios enseñado. Solo el Dios encontrado puede ser verdadero”. Es comprensible que las personas vivan aferradas a imágenes de Dios con las que han convivido desde niños. Sin embargo, para que haya crecimiento espiritual, antes o después se hace imprescindible reconocer que son solo imágenes y dejar caer cualquier representación mental. Solo entonces, estamos disponibles para experimentar y saborear el misterio.

A Dios, dices, no lo podemos pensar, solo vivir. Pero, ¿cómo vivir a Dios?

Seamos o no conscientes de ello, Dios ya se está viviendo en todos nosotros, en todo lo que es. Un Dios “separado” es solo una proyección mental. Lo “dejamos vivir” sencillamente en la medida en que caemos en la cuenta de ello. Ahí mismo empezamos a percibir y vivir la no-dualidad. “Vivir a Dios” es exactamente igual a “vivir nuestra verdadera identidad”. Y eso requiere, lógicamente, des-identificarnos del “yo” que creíamos ser. Por eso, puede decirse que el camino espiritual consiste en la desapropiación del yo, no por ningún tipo de voluntarismo ético, sino porque hemos comprendido que nuestra identidad es otra. Y, en “lo que somos”, no hay ningún tipo de dualidad con “lo que es”. Eso es, por otro lado, lo que vivió Jesús, tal como lo expresa Jean Sulivan, en una de las frases que me parecen más hermosas sobre él: “Jesús es lo que acontece cuando Dios habla sin obstáculos en un hombre”. Eso es “vivir a Dios”.

¿No es el reconocimiento de la presencia algo común a las tradiciones religiosas?

Efectivamente, más allá de las palabras que usemos –presencia, consciencia, plenitud, vacío, Dios…-, las religiones surgen habitadas por un mismo anhelo: desvelar el misterio de la existencia, responder a las preguntas: “¿quién soy yo?” y “¿qué sentido tiene todo esto?”, apuntar hacia el misterio último –la mismidad- de lo que es… La pena es cuando se absolutizan y remiten a ellas mismas –contra esta tendencia autorreferencial de la religión está hablando mucho el papa Francisco- o se enredan en palabras o creencias, a las que atribuyen un (imposible) valor absoluto. Las religiones tienen tendencia a caer en una doble trampa: buscar el poder y confundir su creencia con la verdad. Justo lo opuesto a lo que enseñaba Jesús. Eso hace que aparezcan ante la gente con un aire de superioridad, que provoca cada vez más recelos, cuando no rechazo abierto. En un movimiento de autodefensa, la religión esgrime que su creencia no es aceptada debido al relativismo actual. Pero, con frecuencia, el condenado “relativismo” no es sino una etiqueta descalificadora que usa quien no puede o no sabe convivir fácilmente con el pluralismo.

Es decir, que religión y espiritualidad no son identificables…

No. Podemos considerar la religión como el “mapa” y la espiritualidad como el “territorio”; o, en otra imagen clásica, la religión es la “copa”, mientras la espiritualidad es el “vino”. Mientras se percibe así, no hay ningún problema. Religión y espiritualidad no están identificadas, pero tampoco tienen por qué estar reñidas. El problema llega cuando las religiones se olvidan de que son solo una construcción humana que busca “canalizar” el anhelo, un medio al servicio de lo que somos. Cuando eso ocurre, la religión, en lugar de unir, separa y excluye. La espiritualidad, por el contrario, es siempre inclusiva, por una razón muy simple: porque constituye nada menos que el territorio de nuestra “identidad compartida”, más allá de los “mapas” que utilicemos. Esto explica también que pueda existir legítimamente una “espiritualidad religiosa”, al lado de una “espiritualidad laica” (Marià Corbí) o una “espiritualidad atea” (André Comte-Sponville). En mi opinión, las religiones están llamadas a vivirse como “servidoras” de la vida de las personas y de la espiritualidad.

¿Qué hay en la tradición religiosa católica para saciar la sed espiritual de que hablábamos al inicio?

Una profunda riqueza: la persona de Jesús de Nazaret; la sabiduría de los textos fundantes; una tradición ininterrumpida de experiencia mística, aunque en ocasiones haya quedado “nublada” o velada por aspectos institucionales que parecían ocupar y controlar todo; una tradición secular de humanización y entrega, al lado, sin embargo, de actitudes y comportamientos fanáticos, autoritarios, violentos, culpabilizadores y represores. La historia cristiana me parece un espejo patente de lo que es la ambigüedad de lo humano; o, expresado de otra forma, de lo que es capaz de hacer el ego incluso con lo más sagrado.

Hay muchas prácticas cristianas que ayudan a una rica experiencia interior. ¿No tenemos ahí un tesoro por redescubrir?

Sin duda, la tradición cristiana es un tesoro por redescubrir y, en algunos casos, incluso por estrenar, si confrontamos nuestra vivencia –y la de la Iglesia- con lo que fue Jesús de Nazaret. En ese redescubrimiento, me parece que ha de ocupar un lugar esencial lo que fue el “camino” más característico de Jesús: la compasión hacia el ser humano en necesidad. Y, simultáneamente, toda la gran tradición contemplativa, que ha sido considerada habitualmente en la Iglesia como algo marginal.

Hablemos, pues, de meditación…

La meditación no es, en primer lugar, un método ni una práctica, sino un modo de vivir o un modo de ser, un estado de consciencia, caracterizado precisamente por la no-dualidad. Al estar habitualmente identificados con la mente, necesitamos “ejercitarnos” en superar esa inercia y, así, poder descorrer el velo que nos impide reconocer nuestra verdadera identidad. En este sentido, meditar consiste en estar en el presente, acallar la mente y atender a lo que está aconteciendo. Son tres modos de expresar lo mismo, ya que esas tres cosas no pueden darse sino simultáneamente.

Eso me lleva a preguntarte por el prestigio de lo oriental, de lo budista en concreto. ¿Cuál es la razón de ese prestigio?

Primero, que contiene mucha sabiduría y mucha experiencia. No hace mucho tiempo, un budista me comentaba: “Entre nosotros, damos prioridad a la experiencia que conduce a la sabiduría, al «despertar»; vosotros, en cambio, dais preferencia a las creencias y a la sumisión a la autoridad religiosa”. Por otro lado, aunque es cierto que el maestro Eckhart, Teresa de Jesús o Juan de la Cruz son exponentes sublimes de la experiencia mística, ellos, a diferencia de los maestros de Oriente, no dan una “pedagogía” para avanzar por ese camino contemplativo. Al mismo tiempo, nos hemos hecho conscientes, como decía antes, de que toda religión no es sino un “mapa” que intenta desvelar el misterio del existir o apuntar hacia el “territorio” anhelado que somos. Es importante acercarnos a todos ellos y a la sabiduría que aportan.

¿Cómo cultivar la espiritualidad, cuál es tu propuesta para avanzar en el camino espiritual?

La respuesta también es sencilla: creciendo en consciencia de quienes somos. Al final, todo se ventila en la respuesta adecuada a esta pregunta: “¿Quién soy yo?”. Mientras la respuesta sea inadecuada, permaneceremos en la ignorancia y el sufrimiento –aunque seamos personas muy “religiosas”-; por el contrario, la respuesta adecuada, liberándonos de ello, tiene sabor de plenitud. Lo que ocurre es que la respuesta no puede venir desde la mente (el modelo mental de conocer) porque, al ser una parte de lo que somos, su respuesta es inevitablemente reductora; nos hace creer que somos, apenas, una estructura psicofísica, un “yo individual”; es decir, reduce nuestra identidad al “yo-idea”. Cuando se trabaja a partir de esa creencia, todo –el mismo trabajo psicológico e, incluso, la propia vivencia religiosa- resulta empobrecido. La respuesta adecuada no puede ser resultado de un razonamiento o de una elaboración conceptual. Porque no podemos ser nada que podamos pensar, ya que todo lo pensado necesariamente es un objeto (mental).

Únicamente podemos conocer lo que somos… cuando lo somos. Y, para ello, necesitamos silenciar la mente y, así, acceder a una experiencia directa, inmediata y autoevidente de nuestra verdadera identidad. Aquí se da una hermosa y profunda paradoja: ni podemos pensar lo que somos, ni somos lo que podamos pensar. Una paradoja que encuentra un atractivo paralelismo en lo que nos dice la física cuántica: “lo que vemos no es real y lo real no podemos verlo”. El camino espiritual no es otra cosa que reconocer quiénes somos y vivirnos conectados a ello. A esto las tradiciones espirituales lo han llamado “despertar”, un estado de consciencia que se caracteriza por la sabiduría (comprensión) y la compasión.


Publicado en alandar nº304

Saturday, June 28, 2014

YO, LIBRE. UN VIAJE AL INSTANTE PRESENTE.

                        


"Yo, libre: Un viaje al instante presente" es una película consciente que acompaña al espectador a mirar su vida y su forma de ver el mundo. Hemos olvidado algo que siempre hemos sabido y ahora es el único momento para recordarlo. De la mano de Sergi Torres y David del Rosario, surge esta invitación a reflexionar acerca de nosotros mismos y a darnos cuenta del inmenso potencial que ocultamos debajo de nuestras creencias.

Conscious Breathing is my Anchor


Friday, June 27, 2014

Our Home: Africa

Youth Kizito Center (Tandale, Dar es Salaam)

To the people of AFRICA, guardians of the homestead

that initially gave birth to the human race.


Long before the foot rested firmly on the soil,
Long before we modelled the first footprints of a child
Long before we roamed the savannahs of the wild,
In Africa, my home, God was smiling!
Long before we stalked the animal to prey,
Long before we forged the flintstone from the clay
Long before we distinguished the night time from the day
In Africa, my home, God was moving!


Long before the music of the rattle and the drum,
Long before the silence when the voice could only hum
Long before the spoken word became our daily crumb,
In Africa, my home, God was weaving!


Long before we flicked two flint stones into flame,
Long before we gathered round the fireside in our playing.
Long before the power that entitled us to name,
In Africa, my home, God was carving.


Long before we ritualized our living and our dying.
Long before we solemnized our laughter and our sighing.
Long before we danced in our worshipping of high,
In Africa, our home, God was dancing.


Long before the ancients forged the ancestral line,
Long before our peoples used the night-sky as a sign,
Long before our hunters and gardeners would design,
In Africa, my home, God was sculpting.


Long before the planet was divided into parts,
Long before religion bred fear into our hearts,
Long before the disempowering forces came to caste,
In Africa, my home, all knew freedom.


Long before the conquerors ravaged our resource,
Long before the missionaries brought their wisdom to impose,
Long before the West even knew the planet's source,

In Africa, our home, God had risen.

Long before the writing appeared upon a page,
Long before the White God adopted holy rage,
Long before the Cross would crucify a sage,
In Africa, my home, God wrote poetry.

Wednesday, June 25, 2014

Conflict and Climate Change

                        

Despertar a Quienes Somos


Con qué facilidad,
debido a la inercia de tantos años,
me identifico con lo que no soy
y me reduzco a una identidad aparente:
la de mi pequeño yo,
simple manojo de deseos y miedos,
etiquetador permanente,
que pone su dicha en lo superficial,
en que las cosas le vayan “bien”,
según su particular y estrecho criterio.

Por eso, cuando le van “mal”,
se desespera, se irrita o se angustia,
creando resistencias
con las que no logra
sino incrementar el sufrimiento.

Y siempre así…,
hasta que aprenda a “rendirse”,
a no-evitar, a no-resistir.

Pero ese aprendizaje no está al alcance del yo.
Solo es posible cuando experimentamos
que no somos él
y nos abrimos y nos percibimos
como Espacio Consciente,
Vida Amorosa,
Presencia Segura…

Solo entonces descubrimos,
con tanto gozo como sorpresa,
que todo está bien,
que todo es como tiene que ser,
y que nada de ello afecta a quienes Somos.

No es un discurso de justificación;
tampoco de sumisión,
ni de pasividad o resignación.
Es, sencillamente, la percepción de lo real
desde “otro nivel”.

Habremos de hacer lo que tengamos que hacer,
pero desde el “lugar” adecuado,
la consciencia clara de quienes somos.

Anclados en ella,
caerán etiquetas,
perderán peso miedos y deseos,
observaremos serenamente los vaivenes y altibajos,
y podremos dejar fluir todo…
Viene lo que tiene que venir.
En la Presencia que somos,
todo está bien:
todo es un despliegue admirable de lo Real,
un juego sorprendente de la Consciencia.

El actor tiene que hacer su papel,
pero nunca olvida que su identidad es otra.

Tenemos papeles en esta gran representación,
pero ojalá no olvidemos que no somos ellos.

Somos Aquello que está detrás de todos los papeles,
Eso que queda cuando la mente se silencia,
Espacio consciente,
Vida amorosa,
Presencia segura.

Las religiones lo han nombrado con la palabra “Dios”,
y las personas religiosas más sabias
han sabido “perderse” tanto en él,
que han llegado a “anegar” su yo.
Y en esa “pérdida”,
como decía Jesús,
se han “encontrado” definitivamente
en su verdadera identidad.
Acabó la tiranía del yo
y emergió el horizonte de luz.

Es lo que ocurre cuando,
en una perspectiva no-dual,
acallada la mente,
“tocamos” y saboreamos
la Plenitud que somos
y en la que nos reconocemos:
hemos despertado,
hemos empezado a vivir.


Enrique Martinez Lozano